Diciembre - Semana 2
Segunda semana: Dependencia
Se puede preparar el ambiente con los nutrientes y condiciones óptimas, sin embargo el crecimiento solo Dios lo puede dar. El Señor nos invita a ser parte de su obra, colaboradores que abonan, siembran y riegan, pero dependemos completamente de su obrar.

Lunes 8
Ser dependientes del Señor es un acto de humildad y rendición. Reconocer que somos limitados y que nuestra visión es corta, nos lleva a entregar todo al Señor y esperar en él. El brote toma su tiempo para crecer y solo Dios puede proveer este crecimiento.
Medita en Pr. 3.5-6
Martes 9
Todos los que hemos sido alcanzados por el Señor estamos en constante desafío de crecer espiritualmente. La Iiglesia es un instrumento de Dios para este crecimiento. Sí, debemos congregarnos, pero nuestra dependencia debe estar puesta en Jesús.
Medita en 1 Co. 3.1-9
Oramos: Por el sano lugar de la mujer en la familia, como pareja y en el desarrollo de su maternidad, que esté llena de amor y la gracia de Dios.
Miércoles 10
La nueva vida que recibimos de Jesús, sólo puede brotar y dar frutos si estamos conectados con él. Jesús usó la figura de la vid de manera muy clara, no podemos permanecer si estamos apartados. La vida espiritual que tenemos proviene de Cristo y es a través de él que podemos crecer.
Medita en Jn. 15.1-11
Oramos: Que los niños crezcan seguros en su identidad de hijos amados, respetados, valorados y libres para crecer sin amenazas ni temores.
Jueves 11
El Señor aclara que el labrador es el Padre celestial, Jesús es la propia vid, nosotros somos las ramas y todo brote y fruto que podemos dar viene de él. Tenemos que ser diligentes y responsables en mantenernos conectados con Jesús y, a su vez, descansados y confiados en saber que está obrando.
Medita en Jn. 15.1-4; Sal. 127.1-2
Oramos: Por los huérfanos, las viudas y los ancianos. Que se levanten familias y ministerios para brindarles contención y amor.
Viernes 12
El descanso y la confianza de que Dios está obrando y que su manera de obrar es particular y única en la vida de cada uno, nos libra del juicio y la crítica hacia nosotros mismos y hacia los demás. Podemos ser compasivos con los procesos personales y ajenos, expresando el amor fraternal.
Medita en Fil. 1.1-11
Oramos: Dios bendiga con su inmenso amor incondicional a los padres de hijos con discapacidad, para que en su crecimiento puedan manifestar sus dones y talentos.
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