
La vida de los árboles tiene mucha similitud con nuestra propia vida y transformación. Es por eso que en su Palabra encontramos tantas referencias a ellos en relación con la obra de Dios en nosotros.
Los árboles tienen un ciclo de vida que inicia cuando las semillas germinan y dan origen a una planta, la cual comienza su desarrollo y posterior crecimiento hasta llegar a su madurez, para luego venir el deterioro y finalmente la muerte.
La corteza, nuestra referencia, protege la delicada capa de las células vivas del árbol. Asimismo, el Espíritu Santo nos protege y acompaña en nuestro desarrollo y transformación.
Este mes de septiembre, mes de la Biblia en Uruguay, lo celebraremos estudiando más sobre el amoroso cuidado de Dios, para así avanzar en nuestro crecimiento espiritual.
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