¡A pesar de las amenazantes nubes de lluvia, creímos en Dios y vimos su Gloria!
FESTEJAMOS EL DÍA GLOBAL DE ORACIÓN 2009
Una vez más, el último fin de semana de mayo, la Iglesia del Uruguay se reunió para celebrar el Día Global de Oración recordando el Día de Pentecostés.
En todo el país los cristianos nos preparamos en oración, ayuno y vigilias para la convocatoria de estos días. Más de 10 ciudades respondieron al llamado del Espíritu Santo de encontrarse juntos y unánimes para entregar al Señor adoración, oración y honra a su Nombre.
Hemos recibido informes llenos de gozo por haber celebrado en unidad el derramamiento del Espíritu Santo de “aquellos días”, hasta hoy. Aún se sumaron hermanos de la frontera con Brasil, quienes recibieron la llegada del Día de Pentecostés en oración y vigilia.
Los hermanos de Montevideo, La Paz, Las Piedras, Canelones, Ciudad del Plata y Ciudad de la Costa nos congregamos, al igual que en el 2008, en la Fortaleza del Cerro de Montevideo, el lugar más alto de nuestra capital.
Este monte emblemático por su historia, asociada a la fundación de nuestra ciudad y que vez tras vez es tomado para invocaciones a otros dioses, una vez más, recibió a la Iglesia de Jesucristo.
Mientras en casi todo el territorio nacional llovía torrencialmente, alrededor de mil hermanos desafiamos al frío y a las nubes amenazantes. Allí edificamos un altar al Rey, humillándonos y entregándole el canto de alabanza y adoración que llevábamos en nuestro corazón.
También los niños ofrecieron su oración y coreografía declarando “A Dios sea la Gloria”. Los jóvenes con su arte en la música, danza y pintura, mostraron junto con su clamor, la importancia de permanecer “juntos y unánimes”, para que el Espíritu Santo nos visite y se derrame.
Como cierre de este encuentro un grupo de madres respaldadas por sus esposos levantó un clamor desesperado a favor de sus hogares. Cada una, tomando el ejemplo de una mujer de la Biblia, declaró la victoria del Señor por sobre toda iniquidad y obra de maldad que quiere robar el presente y futuro de nuestros hijos.
Las madres levantaron su voz de manera unánime en nombre de toda la Iglesia allí representada. Confiamos que como en el Salmo 133, un río de bendición salió de ese lugar, así como el buen óleo que baja desde la cabeza de Aarón y llega hasta los montes más lejanos.
Como el rocío que literalmente nos mojaba, así confiamos que el Señor derramó el rocío del Espíritu Santo en cada corazón de cada hermano en todo el territorio nacional.
Porque donde los hermanos están “juntos y en armonía”, allí el Señor envía “bendición y vida eterna”.
Salto, Paysandú, Rivera, Santana do Livramento, Tacuarembó, Paso de los Toros, Durazno, Florida, San José, Canelones, Montevideo, sumados a reuniones en iglesias y en casas, renovaron alianza de amor unos con otros y con el Padre.
“Y el conocimiento de la gloria del Señor llenará toda la tierra como las aguas cubren el mar.” Habacuc 2:14
¡No dejemos de orar! Roguemos, siempre guiados por el Espíritu Santo, que Uruguay y todas las naciones de la tierra se llenen del conocimiento de la Gloria de Dios.
Compartimos algunos párrafos de la declaración de las madres:
...como madres y padres representando a todos los hogares uruguayos y desde el fondo de nuestro corazón...Venimos a Ti con un corazón dolido: nuestros hijos corren peligro, nuestros hogares son atacados por diversos frentes. La violencia está en todas partes... El dolor de las madres es muy profundo, y los padres son quebrantados por la impotencia de no poder proteger sus hijos.
...Nuestra nación merece hombres y mujeres dignos, sabios y esforzados, que siembren sus mejores virtudes en esta tierra, velen por los más desvalidos y legislen leyes justas que faciliten la paz y la prosperidad integral de cada habitante.
Estos sólo podrán ser forjados conociendo y obedeciendo Tu Palabra, quien nos forma como personas de valor propio, respetando al prójimo, sabiéndonos amados desde el vientre de nuestra madre y en la misma forma amando el fruto de nuestro vientre... como hijas de Tu Reino, portadoras de VIDA, enviadas a anunciar buenas noticias a los necesitados, proclamamos que este es el tiempo “de la buena voluntad del Señor” y que como la reina Ester, “para esta hora hemos llegado al Reino”.
...Frente a la depresión en la cual muchos están encarcelados, nos levantamos contra la desesperanza y el vacío que los agobia y declaramos que Tú eres el Dios de toda esperanza...
También como madres, tal cual Ana, derramamos nuestro clamor ante Ti Señor, por los jóvenes que se pierden bajo el yugo de la droga... despierta propósito de vida en ellos, que se conviertan de drogodependientes en Cristodependientes y sean testimonios vivos del poder transformador del mensaje de la cruz.
…Como Débora, mujer valiente y sabia, nos levantamos a favor del desarrollo integral de los niños y jóvenes uruguayos... Los hijos uruguayos serán instruidos según los principios bíblicos que restauran la imagen del hombre a la semejanza de Dios. Así, aún cuándo sean viejos, no se apartarán de ellos.
...Señor Todopoderoso te pedimos que detengas el abuso de poder practicado en contra de los débiles. A Ti que eres defensor de huérfanos y viudas clamamos: guárdalos de todo tipo de abuso, que hiere, degrada y destruye sus vidas.
...al igual que Jocabed la madre de Moisés, enfrentamos enemigos que quieren destruir la vida de nuestros hijos y el futuro de nuestra Nación. Nosotras las madres uruguayas decidimos hoy como ella lo hizo, confiar únicamente en Tu poderosa mano el destino de esta generación, para volver a mirar con fe y esperanza el mañana
...Ayúdanos, como a Eunice madre de Timoteo, o como abuelas siguiendo el ejemplo de Loida, para que desde nuestros hogares, criemos hijos obedientes a ti, cimentados en tu gran amor... así serán una generación de hombres y mujeres sanos, constructores de una nación digna y fuerte en principios honorables, en quienes cumplirás la promesa de Tu Palabra de Isaías 49:6ª: “Por eso te pondré como una luz para las naciones, y haré que lleves la salvación hasta el último rincón del mundo”. En el Nombre del Señor Jesucristo, amén.
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